Las seis de la mañana. Las templadas manos de mi madre se deslizan bajo el edredón en busca de mi escondida mi cara para acariciarla. Me salgo de mi mundo, en el que muchas veces me gustaría quedarme eternamente. Un nuevo día comienza, cómo no. Y no con ganas, precisamente. Levantarse, lavarse la cara, vestirse, desayunar, ir al instituto... Como siempre. Tanta rutina cansa. ¿Y para qué? No tengo metas en la vida. La única razón para levantarme por la mañana es acostarme por la noche. Mi vida comienza a las siete y media de la mañana, cuando llego el primero al instituto y me quedo con las luces apagadas en una clase vacía tratando de desaparecer, y acaba a las dos y media de la tarde. Ese es mi mundo, sí, el instituto y mi casa, y la distancia entre ambos. Necesito encontrar algo que cambie mi día a día...
¿Y qué es ese algo? ¿Un móvil nuevo?, ¿una mascota?, ¿una amistad?, ¿una pareja?. Si me hicieran esta pregunta, no sabría qué responder. En realidad, supongo que diría a todo que no. Un móvil se cae, se rompe, se queda obsoleto, y al fin y al cabo es inútil. Una mascota muere y te deja solo, una amistad se deteriora, se rompe y traiciona. Y una pareja te engaña, te destroza en unas horas más de lo que te ha fortalecido en años. Y en mi caso, no llega. Y jamás lo hará.
Pero aún así, no creo que sea nada de eso el ansiado premio de mi búsqueda. Debo encontrarlo. Es muy deprimente que toda mi vida sea eso. Ser el primero en llegar a clase, o ser el único que se sabe casi todas las respuestas. En fin, ser el estudioso. Tiene que haber algo que cambie mi vida. Tengo por seguro que no es un objeto. Debe ser algo así como un sentimiento, un punto de vista, o una buena obra. No tengo ni idea.
Paso todo el tiempo pensando en cuál podrá ser la razón de mi tan extremo pesimismo, de este enorme odio que siento por mí mismo, de esta falta de esperanza. En resumen, quiero encontrar en lo más hondo de mi ser lo que hace que, a mis ojos, mi vida sea como es. Pero desde luego, lo más importante es que necesito encontrar algo que me haga feliz.
Lo que ellos tienen y a mí me falta.
jueves, 31 de enero de 2013
miércoles, 16 de enero de 2013
Carta de presentación.
Hola. La verdad, no sé qué estoy haciendo escribiendo esto. No tengo ni la más remota idea de qué hago aquí. Ni siquiera sé escribir. Es la típica idea que se te viene a la cabeza cuando una amistad te recomienda empezar un blog. Sé que no vas a leer este blog, o que te canses pronto. Esto no es un blog para darte pena. Es un blog para desahogarme. No sé hacerlo de otra forma. Soy el típico adolescente que no fuma, no bebe, vamos, el light de la clase. También estoy soy de esa especie en peligro, la que lee, la que estudia y la que es religiosa. Sí, ese soy yo. Si decides leerme, tal vez te parezca pesimista, o alguien que no se quiera a sí mismo. Y tienes razón, no soy alguien especialmente destacable por su físico. Soy alto, corpulento, pero a la vista del mundo soy un bulto gordo en un mundo de inseguridades. Y por dentro tampoco soy nada del otro mundo. Soy como ese pequeño tallo insignificante que lucha por agarrarse a la tierra en medio de la tormenta, rodeado de árboles frondosos y fuertes, que se mantienen sin ningún esfuerzo, mientras que yo tiemblo y me debilito con cada sacudida que me da este mundo. Tal vez ya hayas dejado de leer esto, o quizás estés saltando entre líneas para ahorrarte este tostón. Pero si no es así, puede ser por dos motivos. Uno de ellos, el más seguro, es que estés tan aburrido como para leer esto. El otro, es que te sientas como me siento yo, defraudado por el mundo, harto de todo, intentando encontrar una razón para seguir esforzándote por algo. Incluso es posible que te pase lo que a mí, que estés cansado de dar y no recibir, de luchar y caer derrotado, de caerte cuando has conseguido levantarte. Si esto es así, es posible que esto te sirva de ayuda. O al menos podrás ver que hay alguien que escribe peor de lo que tú lo harás jamás. No sé cómo va a salir esto. Si voy a escribir una novela, relatos, o yo qué sé... Si no deseas acompañarme, aún estás a tiempo. Desde la penumbra de mi casa, te doy la bienvenida...
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)